¡Pascua es Palabra de Vida eterna! (2)

Si queremos entender la Pascua a partir de la gran celebración de la Vigilia Pascual, veremos que son las lecturas de la Palabra de Dios, con los salmos por respuesta y las oraciones del presidente, lo que ocupa un lugar preeminente de la Vigilia santa, y de la fiesta de Pascua. Y es que "el cristianismo es la religión de la Palabra de Dios" (Catecismo 108), y la Pascua es Cristo Resucitado que nos habla, y nosotros que le escuchamos con agradecimiento. Se hace realidad lo que revelaba el Padre: "Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco: ¡escuchadlo!" (Mt 17,5). Y esto es lo que hacemos a gusto, largamente, durante la noche santa de la Vigilia Pascual, escuchar a Dios en su Palabra eterna y creadora, Palabra de vida y de consuelo, que siempre ilumina y guía los pasos de quienes la escuchan con fe. Y esto es lo que hacemos siempre que nos reunimos en asamblea de redimidos, como Iglesia, escuchamos y meditamos la Palabra, para guardarla y ponerla en práctica.

Dios nos ha enviado su Verbo hecho carne (Jn 1), y todas las Escrituras hablan de Él. Por eso en Pascua, especialmente, releemos las antiguas tradiciones de la historia de la salvación, la creación, los patriarcas, sobre todo el relato de la liberación del pueblo de Dios cuando el paso del mar Rojo, los libros de los profetas y la carta del apóstol, hasta llegar a escuchar llenos de amor el Evangelio, que es la voz del mismo Cristo Resucitado: «No tengáis miedo. Id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea. Allí me verán (...) Se me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra. Id, pues, a todos los pueblos y hacedlos discípulos míos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolos a guardar todo aquello que os he mandado. Yo estoy con vosotros cada día hasta el fin del mundo" (Mt 28,9.18-20).

Pascua es "la fiesta de la Palabra" puesto que es el anuncio del cumplimiento de todo lo que se refería a Cristo en las Sagradas Escrituras. Lo que estaba anunciado, se ha realizado en Jesucristo, y Él nos lo continúa explicando hoy, como lo hizo a los discípulos de Emaús, cuando "les explicó todos los pasajes de las Escrituras que se referían a él" (Lc 24,17). Debemos tener en cuenta que los judíos vivían su Pascua anual como contemporáneos de sus antepasados que habían sido liberados de la esclavitud de Egipto, y alababan a Dios porque lo que hizo con aquéllos, también lo hace conmigo, con nosotros, ahora. Mucho más los cristianos, puesto que Cristo no sólo vivió la Pascua, sino que Él es la Pascua. "La celebración litúrgica es la actualización del misterio salvador: no sólo porque la comunidad lo celebra, sino porque el mismo Cristo Jesús, ahora Resucitado, que contiene en sí mismo, vivos, los misterios salvadores de la Encarnación y de la Redención, nos los hace presentes y nos los comunica" (J. Aldazábal).

En cada misa se nos da Cristo como Palabra. Aquella Palabra "viva y eficaz" (He 4,12) que lo que "dice" se realiza (Gn 1,3). Palabra que penetra, fecunda, anima, discierne, juzga y estimula... y que si la recibimos con fe, es Cristo Resucitado que se hace luz interior y fuerza que salva.

En esta Pascua 2009 oremos con fe: "Señor, haz que creamos lo que leemos y escuchamos; enseñemos lo que creemos; y practiquemos lo que enseñamos".