×

Advertencia

JFolder: :files: La ruta no es una carpeta. Ruta: /var/www/vhosts/bisbaturgell.org/httpdocs/images/galeries/191117Socós

"Fui forastero y me hospedasteis" (Mt 25,35)

Estas últimas semanas en toda Europa y en otros lugares del mundo hemos estado viviendo una avalancha de emigrantes y desplazados que huyen de sus lugares de origen debido a la guerra, la violencia, la persecución religiosa o penurias de toda clase. La tierra es para todos, y todos los pueblos del mundo se han forjado con emigraciones diversas. Nadie debe ser obligado a marchar de su patria, nadie debe ser perseguido por sus ideas o creencias. Y a la vez es un derecho poder elegir el lugar donde vivir y encontrar nuevas oportunidades. Esto crea dificultades, pero vivir es tener dificultades, y hay que aprender a llevarlas adelante y superarlas con medidas justas y evangélicas. La palabra siempre profética de Jesús, "fui forastero y me hospedasteis", del juicio final (Mt 25,35), nos apremia a encontrar soluciones, a dar ayuda real. No podemos dejar de recordar que también nosotros en Cataluña, en España, en Andorra, en Europa... fuimos emigrantes o exiliados, y hemos acogido emigraciones sucesivas. Saldremos adelante con los recursos que tenemos, si los aprendemos a compartir solidariamente para que lleguen a todos.

El Papa Francisco en una entrevista reciente dijo que el fenómeno de los refugiados y desplazados es "la punta de un iceberg", ya que vemos estos prófugos, a esta pobre gente que se escapa de la guerra, del hambre, pero en la base está la causa: "un sistema socioeconómico malo e injusto (...) La persona debe estar en el centro de la sociedad socioeconómica, de la política", porque "el sistema económico dominante hoy ha descentrado la persona, poniendo en el centro al 'dios dinero', que es 'el ídolo de moda". También insistió en la acogida y en la importancia de acoger a las personas tal como son, recordando que él mismo es hijo de emigrantes en Argentina, una nación acogedora de muchos emigrantes de todo el mundo. La Iglesia no puede vivir encerrada en sí misma, tiene que salir, por lo que, "entre una Iglesia enferma y una Iglesia accidentada, prefiero la accidentada -dijo el Papa- pues, al menos, ha salido".

En nuestra Diócesis de Urgell nos proponemos estar al lado de estas personas y de su sufrimiento y por eso estamos haciendo una campaña de recogida de fondos que se destinarán en una primera fase a cubrir las necesidades de la llamada que ha realizado Cáritas Europa, que coordina la acogida de los refugiados principalmente en Grecia, Macedonia y Serbia, lugares de llegada que están superados por la avalancha de refugiados. Y luego también nos comprometemos a acoger algunas familias a través de las Parroquias y Cáritas parroquiales, en colaboración con los Ayuntamientos. Ante la tragedia de decenas de miles de prófugos que huyen de la guerra y del hambre, queremos obedecer la llamada del Santo Padre Francisco "para que las parroquias, las comunidades religiosas, los monasterios y los santuarios de toda Europa acojan una familia de refugiados". Más que una petición, las palabras del Papa contienen una orden: "Me dirijo a mis hermanos obispos de Europa, verdaderos pastores, para que en sus diócesis atiendan mi llamada, recordando que Misericordia es el segundo nombre del Amor. "Cuanto hicisteis a uno solo de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis" (Mt 25,40). Cristo nos llama a atender a los más pequeños y abandonados. "Hay que darles una esperanza concreta, -pide el Papa-. No sólo decirles: '¡Ánimo, paciencia...!'. La esperanza es combativa, con la tenacidad de quien se dirige a una meta segura".