Perseverar en la oración por las vocaciones

En las Diócesis de Cataluña desde hace ya once años que, durante el mes de noviembre, tiene lugar una bella experiencia de cadena de oración por las vocaciones, por todas las vocaciones: sacerdotales, diaconales, misioneras, religiosas, matrimoniales, de especial consagración... Es así como, cada día del mes, una Diócesis distinta de las diez con sede en Cataluña, intercedemos por la respuesta de personas generosas y sensibles, a la llamada de Dios. ¡Debemos responder con amor al Amor! En nuestra Diócesis de Urgell lo hacemos los días 6, 16 y 26 de noviembre. Todo el día orando por turnos, cada uno desde su pueblo o ciudad, con oración mental o vocal, ofreciendo las propias enfermedades y sufrimientos, con el rosario o con la misa, con intercesiones o acciones de gracias, leyendo las Escrituras o con silenciosa contemplación... Es sobrecogedor saber que estamos unidos en una cadena que expresa la comunión de los santos para con la misión de pedir, suplicar: "Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá" (Mt 7,7). Uno se puede inscribir personalmente o por comunidades. Y los más osados ​​se ofrecen en los horarios más complicados o de madrugada. Resulta una experiencia eclesial bellísima, de una Iglesia que hace caso de su Señor que le dijo: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9,38).

Las vocaciones, o mejor, los verdaderos enviados del Señor, serán siempre fruto de la oración. Sin la oración, la misión se desnaturaliza, se convierte en una planificación nuestra, reseca, que a veces toma formas de empleo, otras de imposición, de sumisión o, incluso, de propaganda hostil. Por eso os invito a uniros a esta Cadena de oración y de pequeños sacrificios ofrecidos por aquellos que el Señor quiera llamar y quiera enviar a misionar, a trabajar por su Reino. Él desea y espera que le respondamos con amor. La oración puede mucho. ¡Confiemos en ella!

"Escuchar y seguir la voz de Cristo Buen Pastor, dejándose atraer y conducir por Él y consagrando a Él la propia vida, significa aceptar que el Espíritu Santo nos introduzca en este dinamismo misionero, suscitando en nosotros el deseo y la determinación gozosa de entregar nuestra vida y gastarla por la causa del Reino de Dios", así se expresaba el Papa Francisco en la Jornada de oración por las vocaciones en abril pasado. Y sugería que había que pasar del hombre viejo a la vida nueva en Cristo, y este paso lo definía como un "éxodo". Esto es toda Vocación, o mejor aún, nuestra respuesta a la Vocación que Dios nos da a cada uno. "Desde la llamada de Abraham a la de Moisés, desde el peregrinar de Israel por el desierto a la conversión predicada por los profetas, hasta el viaje misionero de Jesús que culmina en su muerte y resurrección, la vocación es siempre una acción de Dios que nos hace salir de nuestra situación inicial, nos libra de toda forma de esclavitud, nos saca de la rutina y la indiferencia y nos proyecta hacia la alegría de la comunión con Dios y con los hermanos". Responder a la llamada de Dios, por lo tanto, es dejar que Él nos haga salir de nuestra falsa estabilidad para ponernos en camino hacia Jesucristo, principio y fin de nuestra vida y de nuestra felicidad. Pidamos esto para nosotros mismos, y pidámoslo por los niños y jóvenes de la catequesis, de las parroquias y escuelas. Con cadena de oración humilde, confiada y perseverante.