Abrir las puertas de la misericordia

Hoy en nuestra Diócesis y en todo el mundo los católicos abrimos una Puerta de la Misericordia, una puerta que es el mismo Cristo -"Yo soy la Puerta" decía Él mismo (Jn 10,9)-, ya que iniciamos el Año santo de la Misericordia, con este rito bien significativo. Una puerta en la Catedral de Sta. María de La Seu de Urgell, en Meritxell de Andorra, en Nuria, en el Santo Cristo de Balaguer y en la Basílica de la Sta. María de Valldeflors en Tremp. Puertas que indican que el Corazón de Dios está siempre abierto para acoger, consolar y curar. Dios acoge nuestro arrepentimiento y nos da la gracia del perdón: "Venid a Mí todos los que estáis cansados ​​y agobiados, y Yo os aliviaré" (Mt 11,28), dice Jesús. ¡Acerquémonos por Navidad al sacramento del perdón, con toda confianza! Es del Corazón Sagrado de Jesús, traspasado en la Cruz por amor, de donde brota la misericordia, para que todos y en todo tiempo y lugar, tengamos cabida en su amor, siempre redentor y renovador. "El nombre de Dios es misericordia" y los que le acogen, sus hijos, vivirán en la misericordia.

Estamos preparando la Navidad de este Año santo, dejando que Jesús nazca de nuevo en el mundo y en los corazones, aportando su Luz y su Paz. Abrámosle ya desde ahora la puerta de nuestras vidas, de nuestras familias, y abrámosla a nuestro próximo, a los más necesitados. "La puerta -ha dicho el Papa Francisco- la abrimos con frecuencia para ver si hay alguien fuera esperando, y tal vez no tiene el coraje, tal vez ni siquiera la fuerza para llamar Es la puerta santa, pero es la puerta de la gran misericordia de Dios. Que también la puerta de nuestro corazón se abra para que todos recibamos el perdón de Dios y también perdonemos la puerta de nuestro corazón se abra para que todos recibamos el perdón de Dios y perdonemos a nuestra vez, acogiendo a todos a los que llaman a nuestra puerta''. Navidad de acogida, de apertura, de renovación, de reconciliación y de paz.

Cerca de las fiestas gozosas de la Navidad, acoger la misericordia del Padre del cielo nos compromete a ser nosotros mismos misericordiosos y hacer realidad las exigencias de la Palabra de Dios: "Si uno tiene bienes del mundo, y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? No amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras" (1Jn 3,17-18). Las estadísticas de Cáritas son claras. Durante el año 2014 Caritas, en toda Cataluña, atendió 571.211 personas, desarrolló 9 programas de ayuda con 1.488 puntos de atención a personas con necesidad, y se pudieron invertir 40.845.242 de euros. Y todo ello gracias a los 20.287 colaboradores, socios y donantes (particulares y empresas), con un equipo humano de 11.564 voluntarios y 449 trabajadores contratados, que convierten el compromiso evangélico de servir y amar, en acción fraterna eficaz.

La pobreza, dice Cáritas, a consecuencia de la crisis económica es más profunda e intensiva entre nosotros. Por eso tenemos que seguir reclamando que las Administraciones públicas luchen decididamente contra las causas de la crisis, si conviene con algún "pacto social contra la pobreza" que las incluya a todas sin antagonismos y con eficacia. Y nosotros los cristianos podemos colaborar. Por eso os pido que seamos generosos en el compartir solidario durante estas fiestas, y también después, a lo largo de todo el año. Cumplamos con responsabilidad las obras de misericordia. ¡Acerquémonos a Belén por la Puerta de la misericordia y de la caridad!