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Los pobres son los tesoros de la Iglesia

Preparar la Navidad ya cercana debe tener una dimensión espiritual profunda y al mismo tiempo nos debe llevar a ser más acogedores y más solidarios con las personas necesitadas y que sufren pobrezas diversas. El Adviento es tiempo de "mirar a la cara" a los pobres y las causas de la pobreza, para tomar decisiones y abrir el corazón al prójimo. Porque en el pobre llega el Señor que esperamos.

El Papa Francisco dijo en el Jubileo de las personas socialmente excluidas (13/11/2016) que en nuestro mundo "casi todo pasa, como el agua que corre; pero hay cosas importantes que permanecen, como si fueran una piedra preciosa. ¿Qué es lo que queda? ¿qué es lo que tiene valor en la vida? ¿qué riquezas son las que no desaparecen? Sin duda son dos: El Señor y el prójimo. La persona humana, colocada por Dios en la cumbre de la creación, es a menudo descartada, porque son preferidas las cosas que pasan. Y esto es inaceptable, ya que la persona es el bien más valioso a los ojos de Dios. No podemos acostumbrarnos a que nadie sea descartado. Que no se nos adormezca la conciencia y dejemos de prestar atención al hermano que sufre a nuestro lado o a los graves problemas del mundo". La Navidad ya próxima nos lo recuerda de nuevo. Cristo ha venido por todos, especialmente ha venido a "anunciar la buena nueva a los pobres y la liberación a los cautivos" (Lc 4,18).

Cuando el interés se centra en las cosas que hay que producir, en lugar de las personas a las que hay que amar, recordaba el Papa, estamos ante un "síntoma de esclerosis espiritual". Así nace la trágica contradicción de nuestra época: cuánto más aumenta el progreso y las posibilidades, lo cual es bueno, tanto más aumentan las personas que no pueden acceder. Es una gran injusticia que debe preocuparnos.

Al finalizar el Año jubilar de la misericordia (20/11/2016), el Papa Francisco nos acaba de enviar una Carta "Misericordia et misera" ("La misericordia y la miserable", expresión de S. Agustín) en la que explica que intuyó que, "como otro signo concreto de este Año Santo extraordinario, se celebre en toda la Iglesia, en el XXXIII domingo del tiempo ordinario, la Jornada mundial de los pobres. Será la preparación más adecuada para vivir la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, que se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir de las obras de misericordia (cf. Mt 25,31-46). Será una Jornada que ayudará a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar cómo la pobreza se encuentra en el corazón del Evangelio y sobre el hecho de que, mientras Lázaro esté sentado junto a la puerta de nuestra casa (Lc 16,19-21), no podrá haber ni justicia ni paz social. Esta Jornada constituirá también una genuina forma de nueva evangelización (cf. Mt 11,5), con la que se renueve el rostro de la Iglesia en su acción perenne de conversión pastoral, para ser testigo de la misericordia".

Vivámosla ya en espíritu en esta Navidad que llega, y tengamos mejor cuidado y atención de los verdaderos tesoros de la Iglesia que son los pobres, como exclamaba S. Lorenzo a sus perseguidores antes del martirio. Pobres de tantas y diversas pobrezas. ¡Que el realismo del amor nos conduzca a servirlos sin nunca descartarlos!