Feliz Año: “¡Mi Paz os doy!”

Empezamos un Nuevo Año, el 2017 desde el Nacimiento de Jesucristo, y con el tiempo, se nos ofrece una oportunidad más para vivir de verdad, con amor, con servicio, con alabanza a Dios. Ya San Ignacio hace considerar en su "Principio y fundamento" de los Ejercicios espirituales que "el hombre ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios", comprendiendo el fin de nuestras vidas, que es nuestro venir de Dios y nuestro ir hacia Dios, amando y sirviéndonos de las cosas creadas por mejor lograr este fin. Y el gran mandamiento ya lo sabemos: Amar a Dios por encima de todo y al prójimo como a uno mismo. Estas verdades debemos retenerlas nuevamente al comenzar un Nuevo Año. ¿Para qué vivir, si no?


Con la fiesta de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, también celebramos hoy la Jornada Mundial de la Paz, que este año llega a su 50ª edición desde que la estableció el gran Papa Pablo VI. Para este 2017, el Papa Francisco nos ha dado un lema y un Mensaje: «La no violencia: un estilo de política para la paz».


Hablar de "no violencia" significa no sólo una aspiración, un deseo, un rechazo moral de la violencia, de las barreras, de los impulsos destructivos, sino un "enfoque político realista, abierto a la esperanza", dice el Papa Francisco. En una situación mundial en la que se multiplican los "brotes de violencia" y donde -como a menudo ha dicho el Papa- estamos ya en una "tercera guerra mundial por partes, con crímenes, masacres y destrucciones de toda índole", es importante dar espacio a la no violencia "como método político" y como "vía realista para superar los conflictos armados", negociando "vías de paz, incluso allí donde éstas parecen ambiguas e impracticables". Dentro de esta perspectiva encontramos el respeto por la historia y la identidad de todos los Pueblos, y, por tanto, la idea de una superioridad moral de una parte sobre la otra sería derrotada. Al mismo tiempo, esto no quiere decir que una nación pueda permanecer indiferente ante las tragedias de otra. Por el contrario, significa reconocer la primacía de la diplomacia sobre el poder de las armas. En esta perspectiva el Papa destaca que "es importante que siempre se reconozca la fuerza del derecho, en vez, del derecho de la fuerza". También denuncia que el tráfico ilegal de armas es el que sostiene la mayor parte de los conflictos. "La no violencia como táctica política puede y debe hacer mucho por combatir este flagelo".

En septiembre de 2014, conmemorando el inicio de la 1ª Guerra Mundial, terriblemente mortífera, el Papa Francisco clamó desde el cementerio de Redipuglia: "Los que especulan con la guerra, tal vez ganan mucho, pero su corazón corrompido ha perdido la capacidad de llorar". La guerra es "una locura" alimentada por conceptos como "la avaricia, la intolerancia y la ambición de poder" que a menudo encuentran justificación en la ideología y que lo destruye y lo trastorna todo. Hay que criticar la indiferencia instalada en la sociedad, que el Papa ilustra con la respuesta con la que Caín negó ante Dios conocer dónde estaba su hermano asesinado: "¿A mí qué me importa?". Miremos que nos importen todos estos graves problemas; hagámonos portadores de paz en todas las relaciones que establecemos cercanas o lejanas; roguemos por la paz; eduquémonos para la paz; edifiquemos comunidades de paz.

Recordemos la frase feliz de Pablo VI. "Si quieres la paz, trabaja por la justicia". ¡FELIZ AÑO a todos, convencidos de lo que nos promete Jesús: “¡Mi Paz os doy!”