Consagración de Rusia y Ucrania con toda la humanidad al Corazón Inmaculado de María

El Papa Francisco determinó que el viernes día 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, se llevara a cabo un Acto de consagración de la humanidad, particularmente de Rusia y de Ucrania, al Corazón Inmaculado de la Virgen María, para orar por la paz y el fin de la guerra.

El sr. Arzobispo de Urgell, Mons. Joan-Enric Vives, presidió el acto en nombre de toda la Diócesis de Urgell en la iglesia de la Misión de La Seu d'Urgell, donde hay un altar lateral dedicado a la Virgen de Fátima, dentro de la Eucaristía en la fiesta de la Anunciación del Señor. Concelebraron con el Arzobispo el Vicario General y Rector de la Parroquia de San Odón de La Seu d'Urgell, Mn. Ignasi Navarri; Mn. Evarist Vigatà, Mn. Jordi Miquel y Mn. David Codina.

En su homilía el Arzobispo Vives glosó la importancia de la fiesta litúrgica de la Anunciación del Señor con el “fiat” de la Santísima Virgen María, el gran sí por el que el Todopoderoso entró en la historia humana. Citó a San Bernardo de Claraval quien, en una espléndida homilía, recrea un diálogo del creyente con la misma Virgen María, en el momento histórico y tan misterioso de la anunciación en Nazaret. Todo el mundo espera la respuesta de María y por eso Bernat da prisa a la Virgen haciéndole notar que en sus manos está el precio de nuestra salvación. Si consiente a lo que el ángel le propone en nombre de Dios, todos seremos librados; ya que si por la Palabra eterna de Dios fuimos creados, y a pesar de esto todos debemos morir, con la breve respuesta de María -un sí bien humilde pero cargado del futuro de la historia humana-, todos seremos restablecidos y llamados a la vida. De su respuesta dependía el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salvación de todos los hijos de Adán. Y le aconseja que no lo rechace, que no se retrase, que no recele… sino que crea y diga que sí. ¡Todos estábamos en Nazaret pidiendo a la Virgen María su sí! Y le dice San Bernardo: «Abre, Virgen feliz, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las entrañas purísimas al Creador. Mira que el deseado de todos los pueblos está llamando a tu puerta. Si tardas en abrirle, pasará de largo, y después volverás con dolor a buscar el amado de tu alma. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, y abre por el consentimiento. Y la Virgen dijo; ‘He aquí la esclava del Señor; que se haga en mí según tu palabra’».

Después de la Profesión de Fe y de las oraciones tuvo lugar el acto solemne de Consagración al Corazón Inmaculado de la Virgen María con la oración propuesta por el Papa Francisco que todos los fieles rezaron juntos en unión con el Arzobispo ante la Imagen de la Virgen de Fátima que preside un altar lateral de la iglesia de La Misión. Le adjuntamos para que la pueda rezar y unirse a esta consagración. Después de proclamar la oración, el Arzobispo, ofreció en nombre de toda la Diócesis un sencillo ramo de flores a la Virgen, depositándolo a sus pies, como signo de la paz que nuestro mundo necesita y que María, Reina de la paz, puede ofrecernos.