Romería en St. Romà de Vila (Encamp) y bendición de una nueva campana

El día 6 de junio, Lunes de Pentecostés, Festividad litúrgica de María Madre de la Iglesia, la ermita de Sant Romà de Vila, en Encamp, celebró el tradicional encuentro, este año presidido por el Arzobispo de Urgel y Copríncipe de Andorra, Mons. Joan-Enric Vives.

A su llegada el Copríncipe fue recibido por la Cónsul Mayor de la Parroquia Hble. Sra. Laura Mas y por el Rector y Vicario episcopal, Mn. Antoni Elvira y el Arcipreste Mn. Ramon Sàrries.

La Misa este año pudo volver a ser celebrada en la iglesia románica del siglo XII, y concelebraron con el Arzobispo el Rector, el Arcipreste de los Valles de Andorra, y Mn. David Codina. Asistieron los vecinos y amigos de Vila así como las autoridades comunales, encabezadas por la Cónsul Mayor y por el Ministro de Turismo y Telecomunicaciones, e hijo de la parroquia, M.I. Sr. Jordi Torres.

En su homilía el Arzobispo subrayó 3 ideas fundamentales: en primer lugar, quiso poner de manifiesto la importancia de reencontrarse en la romería, superada la pandemia, en su dimensión más original: encuentro festivo primero para celebrar el Eucaristía y, también, para compartir la mesa, la fiesta y la hermandad. Un encuentro siempre nos lleva a Jesús que comparaba muchas veces el Reino del cielo con un gran banquete, donde todo el mundo tiene lugar, una mesa preparada donde no sólo caben las personas amigas, sino todo el mundo, sin acepción de personas. El encuentro nos recuerda la apertura y fraternidad que debemos tener unos para con otros, que nos permita superar los egoísmos.

En segundo lugar, el Arzobispo destacó cómo San Román, que los habitantes de Vila tienen como protector e intercesor, fue un mártir que dio su vida para seguir a Jesús, durante la persecución de Diocleciano (s. IV) que le cortaron la lengua para que no siguiera exhortando a convertirse al cristianismo a los paganos. El milagro que se le atribuye es que a pesar de esto siguió hablando y predicando a Jesús. Debemos aprender de los mártires y saber dar testimonio de Jesús con valentía y coraje, con nuestra palabra, pero sobre todo, con nuestro ejemplo y vida, sin avergonzarse nunca de la fe.

En tercer lugar, Mons. Vives recordó cómo en aquel día, toda la Iglesia celebraba la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, en el lunes de Pentecostés. El Arzobispo recordó cómo María es madre de todo el Pueblo de Dios, padres, madres, niños, jóvenes, viejos, ancianos… María es madre de misericordia, madre de consuelo, madre de esperanza, madre de la salud, madre de todas las familias. Y por eso hoy le rezamos como hijos que la aman, honran y que esperan que Ella nos sea protectora.

Por último, el Copríncipe episcopal pidió rezar como católicos para que todos los países de la tierra, y especialmente el Principado de Andorra, valoren, respeten, ayuden y acompañen, financien, y protejan, el bien tan grande que es la familia tal como los católicos lo entienden: un padre, una madre, unos niños, unos abuelos, unos primos, unos parientes... Y pidió que “el legislador andorrano tenga presente ese bien tan grande que es la familia y que las reformas que se quieran incluir en el Código de familia sean reformas que vayan a favor de la familia, a favor de los niños, a favor de los jóvenes, a favor de los abuelos, que son socializados y acogidos en la familia, a favor de los enfermos, a favor de los vulnerables. Que éste sea el gran ideal que nos mueva también en Andorra. Es la Andorra que yo encontré cuando vine hace 20 años y es la Andorra que me gustaría también que se mantuviera. No depende de mí, pero sí depende de todos, también de los católicos, que debemos aportar a esta sociedad nuestra visión para que nuestros legisladores sean fieles: en los programas electorales con los que se presentaron, con lo que había, y no con lo que no había, y hacer cosas que no se han preguntado primero al electorado. Éste es el camino democrático de hacer las cosas”.

Al final de la Misa tuvo lugar la bendición de una nueva campana según el ritual de bendición litúrgico establecido: la campana “Jesús y María” de 1597 y originaria de la antigua iglesia de Sant Jaume dels Cortals. La campana del siglo XVI, que ahora será colocada en el campanario de la iglesia de Santa Eulàlia de Encamp, ha sido restaurada gracias a las aportaciones económicas de la gente de la parroquia. También se le ha bautizado por voluntad popular con el nuevo nombre de “Romana” añadido, como conmemoración de su restauración y bendición durante el encuentro de Sant Romà de Vila.

El sr. Robert Lizarte, responsable del museo Casa Cristo del Comú de Encamp y reconocido campanero del país, ha explicado que “gracias a una nueva técnica de restauración se ha podido recuperar la campana sin tener que fundirla sino soldándola, hecho que ha permitido también restablecer su sonido original”.

La Cónsul mayor, Hble. Sra. Laura Mas, ha hecho referencia a la recuperación de las tradiciones populares pospandemia y ha explicado que "estamos muy contentos de que podamos reanudar esta tradición con normalidad en el interior de la iglesia de san Román" y ha destacado que este año con una efeméride como la “bendición de esta campana con más de 400 años de historia”.