Canto de la Sibila y Navidad en Urgell

El día 24 de diciembre, poco antes de medianoche, la Sibila de la Catedral de Sta. María de Urgell volvió a elevar su clamor de conversión y aviso:“Lo jorn del judici, parrà qui haurà fet servici!”. Volvía así la Catedral de Santa María a ser escenario justo antes de la Misa del Gallo, del prodigioso canto antiquísimo. El Canto de la Sibila es un drama litúrgico de gran difusión en la Edad Media y declarado patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO en 2010. La Sibila, interpretada en la Seu por la soprano e historiadora Sra. Laura de Castellet, es una profetisa que canta el fin del mundo, de acuerdo con la partitura original que se conserva en el Archivo Capitular de Urgell.

En la capital del Alt Urgell, el canto se recuperó en 2011, después de que no se había interpretado desde hacía 500 años, y desde entonces ha tenido una buena respuesta por parte de fieles y vecinos en general. De hecho, aunque la Sibila se asocia sobre todo en Mallorca -donde se conservó después del Concilio de Trento-, antiguamente también era un tradición de poblaciones catalanas como La Seu d'Urgell.

Y después tuvo lugar la solemne Eucaristía de medianoche, presidida por el Arzobispo de Urgell Joan Enric Vives, y concelebrada por el Rector de la Catedral y Vicario general Mn. Ignasi Navarri. En la homilía reflexionó a partir de las lecturas sobre Jesús que, nacido en Belén, es Señor y atrae por el amor a hacernos discípulos suyos, como atraer a los pastores. Citando el Concilio Vaticano II que habla de cómo el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado, dijo que tenemos que ir a Belén si queremos comprender quiénes somos, cuál es nuestra alta vocación, cómo no podemos desesperarnos porque el Señor ha acercado definitivamente a nosotros, para salvarnos y abrirnos la esperanza de la eternidad. Somos hermanos del Señor, perdonados y redimidos. Y por eso brota paz y alegría, esperanza y agradecimiento de la Navidad. Igualmente debemos saber difundir esta paz y alegría partes. Y pidió hacernos pequeños, humildes, necesidades del amor de Dios y el de los hermanos, si queremos encontrar y reconocer. Como cuando queremos entrar en la basílica de la Natividad de Belén, si queremos encontrar el lugar del pesebre, donde Jesús nació según la tradición, y besarlo devotamente. Hay que entrar por la puerta estrecha, agachar la cabeza y agacharse en el suelo. Ser humildes. Ir a Belén a ser más humildes y pequeños, más agradecidos y más hermanos de todos.

Al día siguiente presidió la solemne Eucaristía del mediodía, al final de la cual bendijo la Diócesis con la bendición apostólica, con indulgencia plenaria para los presentes. En Navidad y en Pascua del Arzobispo la concede a los fieles de Urgell.

En todo el Obispado tuvieron lugar muchas celebraciones eucarísticas, gracias a que los sacerdotes estos días se multiplican para poder acudir a todos los fieles hasta de pueblos pequeños. Y en muchos lugares el pesebre ha sido el centro de la piedad y de la ornamentación de las iglesias, así como pesebres vivientes y la teatralización del Nacimiento con la obra de los Pastorets. Para que pueda ser Navidad para todos.