Fiesta de la Santísima Trinidad y celebración de la restauración del orden de las Vírgenes

El domingo 7 de junio, Solemnidad de la Santísima Trinidad, el Arzobispo Joan-Enric presidió la S.E. Catedral de Sta. Maria de La Seu d'Urgell la Eucaristía en el Domingo de la Santísima Trinidad y la Jornada Pro Orantibus. Concelebraron con el Arzobispo los Vicarios Generales y el Secretario general y asistió una numerosa cantidad de fieles con las medidas de seguridad propias de estos días.

En su homilía Mons. Vives insistió cómo nos hace bien volver a escuchar que "Dios ha amado tanto al mundo que le ha dado a su Hijo..." (Jn 3,16) porque, en la fiesta de la Santísima Trinidad, Dios es adorado y amado y servido, porque Dios es el Amor. En Él hay unas relaciones que son de Amor, y todo lo que hace, activamente, lo hace por Amor. Dios ama. Nos ama. Esta gran verdad es de aquellas que nos transforman, que nos hacen mejores. El Arzobispo insistió en la necesidad de recuperar la originalidad de la palabra "amor" que es lo que Dios nos tiene. Amor es dar la vida por aquellos que amamos. Amor es gratuidad y sencilla. Amor es vaciarse de uno mismo, para esperarlo todo de Dios.

En este domingo de la Santísima Trinidad la Iglesia celebra la Jornada Pro Orantibus, día por los que oran, aquellos que se dan del todo al Señor, para estimar al Único. El Dios único y el único necesario. Todos los consagrados y consagradas, las nuevas formas de vida consagrada, la vida eremítica, etc. nos recuerdan el valor de Dios, por encima de todo.

Finalmente, en aquel domingo, tuvo lugar la conmemoración de los 50 años del restablecimiento de la Orden de las Vírgenes Consagradas. El 31 de mayo de 1970, por deseo de Pablo VI, se promulgó el nuevo Rito de Consagración de las Vírgenes, que supuso recuperar la antigua Orden de las Vírgenes: unas de las vocaciones religiosas más antiguas existentes en las comunidades cristianas desde los inicios de la Iglesia. Las Vírgenes Consagradas manifiestan al mundo la imagen de la Iglesia esposa ya que la mujer que recibe esta vocación está llamada a ser esposa, virgen y madre, según el modelo de la Santísima Virgen María.

Las 2 Vírgenes Consagradas de la Diócesis de Urgell, Cristina Ribot y Anahí Biorci, renovaron en la Eucaristía dominical su propósito de castidad perfecta y de seguir a Cristo.