Declaración final de la Asamblea de Cáritas Española

Cáritas Española al finalizar su 78ª Asamblea general en Madrid el día 26 de junio, emitió una Declaración final que ofrecemos:

La profunda crisis sanitaria, social y económica causada por el impacto del coronavirus ha estado muy presente en el desarrollo de esta Asamblea General, en la que nos ha inspirado el espíritu genuino del preámbulo de la constitución pastoral Gaudium et Spes, donde se apela a “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”.

Hemos sido testigo de tristezas e incertidumbre, pero también nuestras Cáritas han sido expresión de los gozos y las esperanzas transmitidos mano a mano por esa gran familia de discípulos de Cristo y ciudadanos de a pie que han encontrado en su corazón “el eco de lo verdaderamente humano”. Un clamor que se manifiesta a través de la fraternidad y de esa capacidad para sacar de nosotros mismos lo mejor en tiempos recios y compartir gratis lo que gratis hemos recibido a través del Mandamiento del Amor.

Nuestra Asamblea quiere hacer un profundo reconocimiento de gratitud, por sus testimonios de vida plena y fecunda que “brillarán como centellas que se propagan en un cañaveral” (Sab 2, 23-3, 9), a todas las personas que han fallecido y a quienes han perdido a sus seres queridos

Hemos compartido en esta Asamblea los retos que esta pandemia está suponiendo para toda nuestra Confederación al abocarnos a una crisis devastadora que ha irrumpido con todo su ímpetu en nuestros proyectos. Gracias a los aprendizajes acumulados en los últimos años dentro de los procesos de formación continua y de calidad de todos nuestros niveles organizativos y territoriales, ha sido posible reorientar nuestras respuestas con la agilidad requerida para acompañar a un volumen creciente de demandas de emergencia.

Y ha sido nuestro voluntariado quien, con el apoyo inestimable de las personas contratadas, ha conjugado de manera admirable la calidez con la calidad para multiplicarse en unas acciones de acogida, escucha y respuesta cada vez mayores y más exigentes, sin menoscabo de las condiciones de prevención sanitaria y distancia social que han añadido complejidad a su trabajo. Su dedicación impagable, testimonio real de que “donde hay caridad y amor, allí está Dios”, merece nuestro reconocimiento profundo y gratitud.

El coronavirus está poniendo de manifiesto la naturaleza eminentemente voluntaria de Cáritas y la gratuidad de su misión samaritana como servicio organizado de la caridad, que, como no hemos dejado de repetir a lo largo de estos meses, “no cierra nunca”. El carácter global de esta pandemia ha situado, además, a Cáritas, por primera vez en su historia, ante la necesidad de responder de manera simultánea a los efectos de una emergencia dentro y fuera de nuestro país. El coronavirus está poniendo a prueba nuestras estrategias de cooperación fraterna y la capacidad de nuestra Confederación para visibilizar las llamadas de ayuda que muchas Cáritas del Sur nos lanzan para afrontar el impacto que la Covid-19 está teniendo en otros países y en comunidades mucho más vulnerables que las nuestras.

Estamos siendo canalizadores de una corriente social de solidaridad pocas veces experimentada antes, que nos hace crecer en responsabilidad a la hora de gestionar los recursos que nos confían donantes privados y empresas colaboradoras para remediar las condiciones de grave precariedad a las que se enfrentan millones de personas vulnerables. Agradecemos este depósito masivo de confianza, que nos obliga a reforzar aún más si cabe nuestros criterios de control austero de los recursos y el compromiso con la transparencia.

Las lecciones aprendidas de la anterior crisis nos están ayudando a orientar mejor nuestras respuestas en un doble plano. En el terreno de la acción social, el virus nos exige articular respuestas inmediatas y eficaces a las necesidades urgentes de quienes están viendo cómo sus expectativas de futuro se hunden ante el impacto devastador de esta pandemia. Y en el ámbito de la incidencia política, a liderar una acción inspirada en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia que permita la adopción de medidas legales y políticas que garanticen ahora y el futuro los derechos de las personas empobrecidas. Apostamos por que esta crisis sea una oportunidad y no, como en casos precedentes, una ocasión perdida para sentar las bases de un Estado al servicio del bien común, que incorpore de una vez por todas a los descartados como ciudadanos en plenitud de derechos y dignidad.

Apelamos desde esta Asamblea al esfuerzo y cooperación de todos, desde los poderes públicos y los agentes económicos y sociales a las organizaciones del tercer sector social, las comunidades cristianas y toda la ciudadanía. Necesitamos, para salir reforzados como sociedad, adoptar tanto en la vida pública y social como en la intimidad de nuestras vidas diarias, lo mejor de las lecciones que se desprenden de esta dolorosa etapa de confinamiento: el valor de lo público, lo comunitario y el bien común, la riqueza de redescubrir lo más cercano y la capacidad de solidaridad y apoyo que sigue latente en los espacios vecinales.

Como Confederación, en medio de esta situación tan dolorosa que estamos atravesando, acogemos la invitación de nuestros Obispos, con motivo del día de la Caridad, de ser testigos de la fe, constructores de solidaridad, promotores de fraternidad y forjadores de esperanza.

Madrid, 26 de junio de 2020.